Menchu es empleada de hogar. Acaba de volver a la casa donde trabaja y se pone a conversar con Rita, su señora que posee también junto con sus hijas un hotel.
Menchu: Perdón señora, es que en la frutería había oferta de pomelos, pagas dos kilos y te llevas tres.
Rita: ¡Pero si no nos gustan los pomelos!
Menchu: Muy mal porque tienen muchísimo potasio.
Rita: ¡Menchu, siéntate un momento por favor!
Menchu: ¿Para sentarme estoy yo? Con las alfombras sin sacudir, los baños sin limpiar, la cocina sin recoger.
Rita: ¡Menchu, siéntate!
Menchu: Ya voy.
Rita: ¿Un café?
Menchu: Pues, no sé, pero ¿me lo va a servir usted?
Rita: ¿Qué pasa? ¡Que ya no sirvo ni para verter café!
Menchu: ¡Claro, mira cómo lo sirve!
Rita: ¿Azúcar?
Menchu: No sé, depende de lo que usted vaya a decirme.
Rita: Menchu, no hace falta que vengas más a esta casa.
Menchu: Señora, si es por los pomelos, puedo devolverlos o cambiarlos por unas mandarinas.
Rita: Sabes perfectamente que no es por los pomelos. Me he enterado de que quieres ser recepcionista del hotel.
Menchu: Lo siento mucho, señora. Pero, es que siento que necesito evolucionar y...
Rita: Ya lo sé, y por más que me duela, creo que lo mejor es que no vengas más.
Menchu: Pero, señora...
Rita: No estoy enfadada, estoy triste porque para mí eres más que una empleada, y a mí me duele más que a ti, esto.
Menchu: Pero señora...
Rita: Mira, tú has sido una de la familia y a la familia no se la puede retener a la fuerza. Hay que apoyarla, ayudarla a que prospere y darle vuelos.
Menchu: Pero señora, yo no quiero dejar la casa.
Rita: ¿Que no quieres dejar la casa?
Menchu: No, lo que quiero es compaginar los dos trabajos.
Rita: ¿Y vas a poder con los dos?
Menchu: ¡Claro!, en mi caso me he encargado de todo.
Rita: Eso espero, no te puedes arrepentir ya.
Menchu: ¿Arrepentir de qué?
Rita: Que ya está arreglado con el hotel; empiezas esta misma tarde.
Menchu: ¿Qué? ¡Ay, señora Rita! Muchísimas gracias. Le prometo que no se va a arrepentir. Muchas gracias.